¡ATENCIÓN!
Este blog se lee desde la primera entrada publicada hasta la más reciente, ya que es una historia contínua.
La media de entradas publicadas a la semana/mes puede variar.
Pese a la inactividad de algunas ocasiones, el blog no estará cerrado al menos que se anuncie su finalización.
Un saludo,
Sara
Mostrando entradas con la etiqueta #LaTelarañaPúrpura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #LaTelarañaPúrpura. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de agosto de 2012

La telaraña púrpura /PARTE 3.3

Los acordes se alegran y el bicho empieza a bailar sobre la mano de Ismael. El sonríe y yo me quedo mirándolos a los tres, allí como si no estuviera, de pie. Mirando al piano, al bicho y a Ismael. Yo también sonrío, y pienso que es solemne aquel baile de manos y patas, y cierro los ojos. La música para.

-Ya puedes volar pequeño. –Ismael suelta al bicho, y él de veras que parece indeciso. Al final se marcha volando. Nunca sabre que era ese punto negro. Tampoco lo quiero saber. No es mi bicho.

El pianista acaba el concierto por hoy. Permanece sentado en la baqueta y me pide que tome asiento a su lado. Cojo una silla de la cocina y ahí estoy.

-Tienes buen ojo para la danza Alma. Por lo menos en lo que respecta a los bichos. –se ríe bajo y yo lo acompaño. Si es que no hay mayor estupidez que un bicho bailando. Y se lo digo.

-¿Cómo? ¡Si es estupendo!

-Si es tan solo un bicho bailando. En una telaraña. –respondo simplemente.

-¿En una telaraña? –si pregunta, yo le cuento.

-Parecía que estuviese atrapado. Solo se movía cuando tú lo hacías. Era gracioso. –si era gracioso.

-Entonces… ¿yo soy la araña? –el bicho era gracioso. Ismael también. Tal vez sea bicho en el interior, me pongo a pensar.

-Exacto –buen razonamiento el suyo.

-El bicho en la telaraña púrpura.

-Lo siento, creo que la que está perdida ahora soy yo… ¿púrpura? –vale, me pierdo.

-Las canciones que he tocado durante estos días, son de una recopilación de un autor anónimo que se llaman ‘Notas púrpuras’

-Pues, ¡señoras y señores, el espectáculo de hoy “El bicho en la telaraña púrpura” ha finalizado!. Por favor, vuelvan otro día y no se olviden sus palomitas. –anuncio con voz de tío de circo.

Las notas del piano vuelven a sonar en el aire. Nuestras voces las acompañan durante tiempo. Da igual que sea ciego.

La telaraña púrpura /PARTE 3.2

Hecho una mirada al apartamento. Todo está muy junto. La cocina en la parte izquierda, junto al salón, que consiste en un toca discos antiguo y un par de sofás. Una radio y una pequeña televisión, supongo que para las visitas. Todo está muy ordenado. Ordenadísimo. No podría ser de otra forma. En la ala derecha del piso hay una puerta que acierto que será el dormitorio, y en medio de todo, un piano enorme ocupa el espacio. Me quedo mirándolo, y no sé como, Ismael lo adivina.

-Bonito, ¿verdad? –me pregunta.

-Oh, si, bonito. –es bonito.

-¿Quieres tomar algo? Té, zumo, agua…

-No gracias. ¿Puedo sentarme?

-Claro, ven. –Ismael me acompaña hasta el salón y se sienta en un sofá. Yo voy al otro.

Como se da cuenta de que no digo nada me pregunta sobre el bicho. ¡El bicho! Y le cuento.

-He capturado a un bicho que baila con tu música. Lo tengo aquí en un vaso de cristal. –me parece algo realmente interesante. El bicho bailarín, véase.

-No lo puedo ver, pero tráelo, vamos a hacer que baile. –me sonríe y se levanta del asiento. Va hacia el piano y yo le sigo.

Ismael toma asiento en la baqueta y me dice que deje el vaso sobre el instrumento. Lo hago y me quedo allí de pie. Ismael empieza a tocar una canción lenta. El bicho que parecía inerte empieza a resucitar.

-¡Ojala lo vieras! ¡Esta bailando, de verdad! –sigo sorprendiéndome aunque ya lo he visto antes.

-Vamos a ver si es verdad… -Ismael coge el vaso y lo destapa. El bicho frenético empieza a revolverse, y entonces él empieza a tocar el piano con la otra mano. El bicho se detiene. Empieza a tocar a dos manos y aquel punto negro permanece en su mano mientras va de tecla en tecla, en una lenta, melodía, lenta.

sábado, 4 de agosto de 2012

La telaraña púrpura /PARTE 3.1

Apago la lámpara grande y me enciendo la luz del escritorio. La nana de cuna termina y empieza otra canción. Un vals lento. No me lo puedo creer. El bicho, esta ahí. Cuando la música empieza a correr el punto negro parece que vuele sobre las notas. Parece hecho para el. Parece que sea el bicho de Ismael. El piano suena cada vez mas deprisa y el punto revolotea. Otra melodía termina, y con ella el bicho se para. Empieza a sonar de nuevo, otra diferente. Me quedo ensimismada mirando al bicho. Los bichos no bailan. Su bicho, si que baila. Ismael parece amable, empiezo a sentirme mal por haber sido tan brusca esta mañana. Me lo pienso dos veces, tres y cuatro. Voy a la cocina y cojo un vaso de cristal. Cojo papel trasparente de repostería y me vuelvo a la habitación. Hago que el círculo que ilumina el techo baje por la pared. Y como esperaba, el bicho baja con el. Cojo el vaso y con el cojo al bicho. El bicho es algo raro, solo un punto negro histérico en ese momento. Tapo el vaso con el papel. ¡Ya he capturado al bicho! No quiero que se muera, así que con el primer boli que pillo le hago algunos agujeros a la ‘tapa’. Dejo el vaso boca arriba encima del escritorio, y veo como su inquilino baila por el. Me lo pienso cinco veces, seis y siete. Me pongo unas chanclas y abro la puerta de casa. Voy con el vaso en una mano y todos los nervios en la otra. Toco la puerta del segundo A y el piano se queda en silencio. Ismael abre la puerta.

-Hola –digo rápidamente.

-¿Alma? ¿Qué haces a estas horas aquí? –ni yo lo se, no le voy a contestar a eso.

-¿Puedo pasar?

-Claro, si ahora no tienes tanta prisa como esta mañana… -me suelta con ironía.

Entro en el apartamento y Ismael enciende una luz. Me sonríe confundido. Yo estoy más. Ojala me hubiese quedado.

-Te traigo un bicho –y yo también sonrío. Y no me ve.

-¿Haber?

Y se empieza a reír.

La telaraña púrpura /PARTE 3

Son las diez de la noche, mi hora habitual para cenar. Mis padres hoy se han ido a casa de la tía Rebeca. Se quedaran a dormir allí. Yo me he excusado porque la verdad, no tenía ganas de ir. Así que he dicho que había planeado una cosa muy importante con Raquel. Raquel es mi mejor amiga, así que es bastante creíble. Mis padres me han disculpado como unas cien veces, pero la tía Rebeca no se enfada nunca conmigo. Problema resuelto. Así que ahora tengo la casa para mi sola. ¡Yuhu! Ahora podré… ¡dormir sola! Vaya cambio, eh? He decidido que me voy a preparar una súper cena. El menú se reduce a: helado. Mientras me comía el helado, he descubierto un hecho importantísimo. El helado se llama helado… porque esta helado. Si estuviera caliente seguramente irías y pedirías “un caliente de fresa y chocolate”. O alomejor un “templado de cookie y limón”. Fin de la cena. Me siento en el sofá del salón y miro capítulos de series policíacas que ni si quiera sigo. A las doce, cuando todos los programas <cutres nivel supremo> se manifiestan como una invasión de zombies en el teletexto, decido no traumatizarme y me voy a leer. En mi habitación no se puede dormir. Abro la ventana, pero el calor que hace serviría para freír un huevo en el balcón. Nunca me ha gustado la lámpara del techo de mi cuarto, pero es la más indicada para leer. Me pongo el chándal-viejo-con-función-de-pijama y me siento en la cama con el libro abierto ya por la mitad. Después de una hora me doy cuenta de que ya llevo un rato oyendo un rumor lento. En un segundo descubro que es Ismael, tocando a la una de la madrugada, ¡pero que horas! Pero que melodía tan triste… es una nana de cuna. La reconozco, la he oído antes, pero no se cuando.

viernes, 3 de agosto de 2012

La telaraña púrpura /PARTE 2


Esta tarde tenía pensado ir a ver a la señora del quinto. Seguramente también estará Ana, tengo ganas de hablar con ella un rato. Acabo de llegar, y como esperaba, si que está Ana. Regina (mi abuela) me da dos besos como de costumbre, y las tres nos sentamos en la mesita del balcón. La verdad, para ser un balcón es bastante grande. No me había dado cuenta hasta ahora. Regina sirve té para ella y Ana, y yo me tomo un vaso de zumo. Es ya una rutina. Las madalenas caseras que se hacen en esa casa están buenísimas. La señora Regina siempre me da unas cuantas para que se las lleve a mis padres. Cuando conozca a alguien a quien no le gusten esas madalenas, habré conocido a un alien, enserio. Ana y yo nos quedamos solas en la ‘terracita’ porque la abuela se ha ido a ver la televisión al salón. Seguramente se quedará dormida, otra rutina más.  

-Oye Ana, esta mañana he ido a ver al que ha alquilado el segundo A.  ¿Sabes?–le digo.

-¿A si? Yo aún no sé quién es. ¿Y eso que has ido?

-Pues –empiezo a contar  –resulta que ayer por la noche le dio por tocar el piano debajo de mi habitación al de aquel piso, y decidí que hoy iba a decirle unas cuantas cosas

-¿El piano de noche? ¡A quién se le ocurre! –me dice divertida. ¿Soy la única a la que no le hace gracia ese?

-Tiene diecinueve años. Se llama Ismael. –contesto cortante.

-¿Diecinueve? Cielo, ¿no será sonámbulo el pobre? Haber, ¿Qué explicación te ha dado?

-En realidad no le he preguntado…  -¡como se me ha olvidado!

-Ah…entiendo –Ana me sonríe de una forma muy rara que me da que pensar.

-¿Cómo? –estoy extrañada. Como me diga lo que pienso que piensa se entera.

-¿Es guapo eh? –sigue sonriendo. Lo sabía. ¡Ag!

-Es ciego.

-¿Y? –no para de interrogarme mientras acerca su silla a la mía. ¡Como si fuera a decir algo interesante!

-Y es ciego Ana. –me está empezando a molestar.

-Y tu abuela está enferma y mi madre esta sorda, pero estan vivos , ¿y qué pasa Alma?

Odio cuando Ana se pone así. Me empieza a decir que qué más da si alguien es ciego, manco, sordo, si tiene cáncer, si lo que sea, y acaba repitiéndome que mi abuela está enferma y que por eso no le tenemos que hacer menos caso. Y como siempre, yo me enfado.

-¡Ya sé que mi abuela tiene alzhéimer Ana! ¡No hace falta que me lo repitas! –le grito. Luego me arrepiento de haberle gritado. Pero me había provocado. –Lo siento Ana, yo no…

-Cielo, no sabía que tu abuela estaba enferma. Nunca me habías hablado de tu abuela. Lo siento Alma. –Ana y yo nos giramos. La que acaba de hablar es Regina.

Regina estaba en el umbral del balcón, con cara de comprensión. Ana y yo nos miramos, y yo me levanto de la silla. Me marcho de allí.

-Alma, ¿estás bien? –Regina me mira preocupada de verdad. Pobre abuela.

-Sí, sí, no sé preocupe por mí Regina, yo ya me iba. –le digo, y se tranquiliza un poco. Pero solo un poco.

Me despido de las dos y abro la puerta. En dos segundos he bajado dos plantas y ya estoy en mi casa. Mañana iré a ver al pianista. Lo que dice Ana, quema.

jueves, 2 de agosto de 2012

La telaraña púrpura /PARTE 1


No sé cómo me lo hago pero siempre me despierto a la misma hora. Desgraciadamente. Muerta de hambre, voy al salón. Allí veo que mis padres ya están levantados y sirviéndose el café. Cansados. Yo no. Desayuno tostadas, ya que la tostadora hoy me ha dado una tregua. Esta mañana, mientras los tres desayunábamos les he preguntado si ellos también habían oído el piano aquella noche, y parece que no. Resulta que la sala donde el villano tiene su arma se encuentra justamente debajo de mi cuarto. Qué bien, opino con sarcasmo. Esa es su teoría; la mía es que quizá me vuelva loca y acabe viendo osos panda lilas gigantes. Creo que no. Cuando le he dicho a mi madre que más tarde iba a visitar al señor o señora del piano, no se ha opuesto. Total, no tengo nada mejor que hacer. La verdad es que me daba un poco de cosa, pero pasaba de que me despertaran otra vez.

Así que aquí estoy. Mientras bajaba las escaleras me he encontrado con la señora Carmen, la del apartamento de arriba, el cuarto C. Con sus tacones como de costumbre, anunciándose a los mil kilómetros. Iba muy deprisa y me ha dado los buenos días rápidamente. Ya la he perdido de vista, ya que estoy delante de la puerta del segundo A. He decidido bajar ahora, que son como las once. Seguramente no hay nadie, pero antes temía despertar a quien fuera (aunque sería una pequeña venganza). Por probar suerte nadie se muere. Toco el timbre, y creo que oigo unos pasos acercándose. Y así es, además una voz me está anunciando que ya me abren. Me abren. Decididamente no es el señor o señora que me esperaba.

-¿Y tú pretendes cometer un asesinato? –me acaba de salir del alma. No esperaba a alguien, ¿así?

-¿Cómo dices? –responde riéndose de mí.

Bien, este tío sí que es raro. Le pongo cinco años más que yo, nada más. No me puedo creer que me despierte uno que apenas se ha sacado el carné. Alto, más que yo.

-¿A qué viene esa acusación si se puede saber? –dice el tío alto.

-Ah –estoy realmente indignada. Pensaba discutir con un señor mayor, la verdad.

-Bien, no pretendo asesinar a nadie. Soy Ismael, ¿y tú eres…? –me dice aún riéndose. Creo que me voy a mosquear.

-Alma. –y entonces me doy cuenta. -¡Oh! –exclamo

-No te preocupes. –replica sonriéndome.

-Yo, lo siento no sabía qué, pues, eso y… -¡Qué vergüenza!  Creo que estoy roja. Aunque él no lo pueda ver, lo sabe seguro.

-¿Qué no sabías que era ciego? No tenías por qué saberlo tampoco.Tranquila. ¿Querías algo?

-Yo, bueno, mejor vuelvo en otro momento, tengo que hacer unas cosas y, bueno ya me voy. –quiero irme, ¡ya!

-Si quieres algo, pásate esta tarde, o cuando quieras. Estoy casi todo el día aquí. –sonríe. ¡Que deje de sonreír! A mí no me hace gracia. –Encantado de conocerte Alma. ¡Ah! Si no te molesta, ¿Cuántos años tienes?

-Quince. -¡y a él que le importa!

Me doy la espalda y ya me estoy yendo cuando Ismael me suelta un ‘Hasta luego’, acompañado de un ‘Yo diecinueve, ¡nos vemos!’. ¡Y a mi qué! Decididamente no vuelvo. No esperaba un ciego. Y menos a uno de diecinueve que me hiciera quedar como una tonta. Ale. A mi casa.