¡ATENCIÓN!
Este blog se lee desde la primera entrada publicada hasta la más reciente, ya que es una historia contínua.
La media de entradas publicadas a la semana/mes puede variar.
Pese a la inactividad de algunas ocasiones, el blog no estará cerrado al menos que se anuncie su finalización.
Un saludo,
Sara
Mostrando entradas con la etiqueta #LasBabosas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #LasBabosas. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de agosto de 2012

Las babosas /PARTE 2.1

Las dos nos levantamos y vamos hacia la cocina. La casa está desierta. Veo una nota en la mesa donde pone que mi padre está en casa de Regina y que mi madre ha salido. Voy al armarito de los vasos y saco dos.  Raquel saca el cartón de leche y nos vamos al salón a tomárnoslo, con unas galletas, claro.

-¡Espera! Ahora vuelvo. –me dice Raquel y sale corriendo hacia la habitación. Yo me siento en el sofá y enchufo la tele.

-Ya estamos aquí. –ha vuelto con sus babosas. Agg.

-Tía, ¿tenemos que desayunar con las babas esas al lado?

-¿Porqué no? Son graciosas. –tengo mis dudas, la verdad, son un muermo.

-Pues porque es maltrato al animal ver como comes, ¡bestia!

-Tú aún no te has muerto, ¿no? –se la está jugando.

-Paso. Deja las babas donde yo pueda verlas, ¿eh? Bueno, ¿tenemos plan esta tarde?

-Mmms, haber que te parece Alma: cine en casa más palomitas de microondas más karaoke.

-Al menos que te saques el karaoke del bolsillo, no sé yo como vamos a tenerlo…

-Me lo sacaré, no te preocupes. –Raquel me guiña un ojo, y empiezo a pensar que lleva un karaoke entero en el bolsillo.

Las babosas empiezan a reptar por las paredes de su casita y Raquel se pone a mirarlas con la nariz pegada al cristal. En la televisión solo dan que dibujos aburridos, así que la apagamos al rato. Cuando se hace el silencio, Raquel empieza a hablar, y así nos tiramos hasta las tantas. Luego salimos a dar una vuelta por el pueblo, y se hace el mediodía. Se supone que va a pasar el día en mi casa hoy también, así que es radiofrecuencia-Raquel-veinticuatro-horas-sin-interrupción. Continua haciendo calor, demasiado calor.
Un día de estos, me enfado y  voy y me derrito.

Las babosas /PARTE 2

Ayer se nos hizo tarde a Raquel y a mi en el río, y como ella vive como a la otra punta de la ciudad, llamó a su madre para ver si la dejaba quedarse a dormir en mi casa, así que aquí estamos, las dos en dos colchones en el suelo de mi habitación. Bien, yo estoy despierta pero ella no. Me quedo sentada encima de la sábana y me pongo a mirarla. Duerme como un tronco, si pasara el ejército por debajo dudo que se fuera a enterar. Por la noche llegamos muy cansadas, así que nos acostamos enseguida. Yo le dejé un pijama que encontré tirado por el armario, pensé que ese ya había dejado de existir, pero allí estaba. Es de hace dos años, a ella le viene bien, a mi ya me venía pequeño cuando lo retiré. Raquel se da la vuelta y me da la espalda. Por encima veo su mochila. Voy a gatas hacia ella, la abro y me pongo a rebuscar. Saco el tarro que ayer llenó y vuelvo a mi colchón con él. El musgo va desapareciendo debajo de dos babosas negras y alargadas, llenas de babas, obviamente. Levanto el bote y la luz que entra por la ventana atraviesa las babosas. Ellas levantan sus antenitas hacia mí y yo me quedo ahí, observándolas. Voy hacia la ventana y las dejo allí. Sigo observándolas. Raquel se gira y da un bostezo. Se apoya sobre los codos y se me queda mirando.

-¿Qué haces? –y otro bostezo.

-Nada. Miraba tus babas. –le respondo.

-Nah. Babosas, Alma, babosas. En realidad te gustan.

-Si te refieres a que me gusta verlas caer a la acera desde un tercer piso, a tus babas, si.

-Va, fastídiate. –y me tira su almohada.

-¡Ey! –se la devuelvo yo y se empieza a reir.

-¿Desayunaaaaaamos? –me pregunta mientras estira los brazos.

-Bien, desayunemos.

sábado, 11 de agosto de 2012

Las babosas /PARTE 1

Ayer fue un día aburrido. No pasó nada, pero nada de nada. Hoy ha sido un día aburrido. No ha pasado nada de nada. La noche promete más; Raquel y yo hemos quedado para salir a hacer una expedición al río. Ella tampoco lo conocía. Bien, Raquel hace pocos años que vive aquí, pero es raro igualmente. Ya son las nueve en punto cuando Raquel aparece por mi casa. Las dos vamos en chándal y con deportivas. Una expedición, he dicho.

-¿Y qué? –Raquel me pregunta y yo no entiendo. Las dos estamos ya cruzando el puente (me he equivocado varias veces guiándonos pero he conseguido llegar al río).

-¿Y que qué? –le pregunto yo a ella.

-Aish, que ¿y qué? –dios, ¿y que qué?

-Tía enserio, ¿y que qué?

-¡Qué que tal! Madre Alma, no es difícil, ¿eh? –Raquel se pone de los nervios cuando no la entiendo (80% de las veces).

-Ah, yo bien, ¿y tú? –todo esto para esto.

-¡Alma! No te hagas la tonta.

-¡Raquel! No me hago la tonta. – conversación de besugos.

-Pufff. ¿Qué tal Ismael? –ah, yo comprendo.

-Ah, bien. Vuelve dentro de cuatro días, ahora está en casa de su hermana. Me contó como se había quedado, eh… invidente.

-¿A si?

-Si. Sufrió un accidente de tráfico…

-Pobre chico. –pobre Isma. –No me cuentes mas, no es asunto mío no te preocupes.

-Vale. ¿Tienes hambre? –y la respuesta es…

-¡Por supuesto! Saca los sándwiches de la mochila, nos sentamos por aquí y luego continuamos.

Después de cenar el cielo se apaga y nos deja completamente a oscuras. Raquel y yo sacamos las linternas y continuamos caminando por la orilla del río. Todo está muy embarrado aunque es verano, y los bichos van saltando por todos lados. Seguimos caminando y caminando hasta que Raquel se para y me manda sacar un bote de cristal (con tapa). Se agacha y arranca un trozo de musgo y lo mete dentro del bote.

-Oye Alma, enfoca ahí por favor. –ilumino con la linterna el rincón que me pide.

-De verdad que nunca entenderé esa afición tuya Raquel…

Ella coge algo que se mueve. Bastante grande, y lo mete con el musgo. Lo cierra y se lo mete dentro de la mochila.

-Bien, ¿seguimos?

Que remedio, pienso. Me hace gracia verla coger bichos. Me debe unos cuantos favores por acompañarla en sus expediciones, se lo tengo dicho.